La pintora malagueña Paula Varona vuelve a casa con una exposición que ocupa el Museo de la Semana Santa hasta mediados del verano. Espacios y Luces reúne 45 óleos repartidos en tres bloques temáticos —Málaga, el mar y los grandes museos del mundo— y se puede ver gratis de martes a domingo. La organiza la Fundación Unicaja y se inauguró el 14 de mayo en colaboración con la Agrupación de Cofradías.
El argumento que sostiene toda la muestra es uno solo: la luz. Es lo que une el Mediterráneo, los tejados del centro histórico y las salas de la Tate o el Prado. Y es lo que convierte la pintura figurativa de Varona, formada en Londres y reconocida con la Medalla de Honor de la Asociación Española de Pintores y Escultores, en algo más cercano a la fenomenología que al paisajismo clásico.
Qué se ve en Espacios y Luces
La exposición se articula en tres ejes claramente diferenciados, cada uno con un planteamiento distinto pero con un mismo hilo conductor: cómo la luz transforma los lugares que habitamos.
Málaga como escenario
El primer bloque es el más íntimo y el más localmente reconocible. Varona pinta la Catedral, la Alcazaba, la Plaza de la Merced y los tejados del casco antiguo bajo distintas horas del día. No busca la postal turística: lo que retrata es el pulso cotidiano de una ciudad atravesada por una luminosidad muy concreta. Junto a estas piezas aparecen obras como Desde lo alto, Málaga, Pequeño oasis o Atardecer en Málaga, donde los volúmenes urbanos se disuelven en reflejos.
El mar como contrapunto
El segundo eje son los paisajes marinos. Aquí la artista baja las revoluciones cromáticas y plantea horizontes en calma, puertos y embarcaciones que funcionan como espacios de contemplación. Es el contrapunto sereno del bullicio urbano del primer bloque, y es donde la paleta de azules vibrantes —imposible, según ella misma reconoce, de separar de la identidad visual de Málaga— alcanza su mayor desarrollo.
Los museos como territorios habitados
El tercer bloque es probablemente el más singular. Varona traslada al lienzo los interiores del Museo del Prado, la Tate Modern de Londres y el Guggenheim de Bilbao, tratándolos no como edificios sino como paisajes interiores con su propia luz, sus perspectivas y sus visitantes. En este apartado aparecen guiños directos a la historia del arte: La maja vestida y La maja desnuda de Goya, El Jardín de las Delicias de El Bosco o Joaquín Peinado y Picasso, una obra pintada expresamente en el Museo Fundación Unicaja Joaquín Peinado de Ronda.

Una pintora que reivindica la mirada lenta
Detrás del proyecto hay una premisa estética que Varona repite en cada presentación: frente a la saturación de imágenes virtuales, la pintura figurativa todavía tiene capacidad para detener al espectador y devolverle la atención sobre lo que tiene delante. Es el argumento que mejor explica por qué buena parte de los cuadros incorporan figuras humanas dentro de los museos: no son adornos, son la forma de subrayar que el arte no termina en el marco.
«Frente a lo conceptual o lo desmaterializado, la pintura figurativa sigue recordándonos que la belleza no es un concepto abstracto, sino algo que se vive. La pintura nos ayuda a recuperar la capacidad de emocionarnos con lo real».
Paula Varona, declaraciones a Mujerhoy, 15 de mayo de 2026
La idea queda reforzada por los textos del catálogo, firmados por tres autores con peso: Juan Manuel de Prada —que describe la luz en su obra como «un estado del alma»—, Álvaro Pombo y Antonio Soler, que define los museos pintados por Varona como «continentes del arte» donde «el visitante pasa de ser un mero transeúnte a obra de arte». Es una lectura que conecta con la tradición figurativa española pero sin cerrarse a ella: el doctor en Historia del Arte Javier Morales Vallejo resume su obra como «fácil de ver y difícil de explicar», una mezcla de clasicismo y pop donde conviven Hockney y Goya.
Quién es Paula Varona
Paula Varona nació en Málaga en 1963 y empezó su formación con apenas 20 años en la Heatherley School of Fine Art de Londres. Continuó en la Byam Shaw School of Art, vinculada a la Saint Martin’s School of Arts, una de las escuelas más reputadas del mundo. Su trayectoria internacional incluye exposiciones individuales en el Palacio de Miraflores de Madrid (1995), la Cordonería Nacional de Lisboa (1998), la Casa de Vacas del Parque del Retiro de Madrid —espacio al que ha vuelto en 2007, 2010, 2013 y 2020— y la PBC Art Gallery de Nueva Delhi (2008). Entre sus reconocimientos figura la Medalla de Honor de la AEPE.
El regreso a Málaga tiene, para ella, una dimensión personal evidente. Lo ha resumido así: «Nací aquí y aquí nació mi necesidad de pintar. Málaga es donde aprendí a mirar la luz». La presentación de la muestra estuvo a cargo de la responsable de Artes Plásticas de Fundación Unicaja, Emilia Garrido, junto al presidente de la Agrupación de Cofradías de Málaga, José Carlos Garín, y la propia artista.
Cuándo, dónde y cómo visitarla
La exposición se puede ver hasta el 19 de julio de 2026 en el Museo de la Semana Santa de Málaga, en Calle Muro de San Julián, 2 (el antiguo Hospital de San Julián, en pleno casco histórico). La entrada es libre hasta completar aforo.
- Martes a sábado: de 10:00 a 13:00 y de 16:00 a 19:00.
- Domingos: de 10:00 a 13:00.
- Lunes: cerrado.
Conviene comprobar los horarios en la web de Fundación Unicaja o en la agenda oficial de Visita Málaga, especialmente si la visita coincide con festivos locales.
Lo que conviene saber antes de ir
El Museo de la Semana Santa no es uno de los grandes equipamientos del Soho ni del puerto, así que conviene tener algunas referencias prácticas para encajar la visita en el plan del día.
- Cómo llegar: el edificio está en pleno casco antiguo, a pocos minutos andando desde la Plaza de la Constitución, la Plaza de la Merced o la calle Granada. Desde fuera del centro, lo más cómodo es bajarse en cualquier parada de autobús urbano que deje cerca del Teatro Cervantes o de la Alameda Principal y subir andando.
- Mejor hora para verla con calma: los primeros pases de la mañana (10:00–11:30) y la franja de tarde (16:00–17:30) suelen ser los más tranquilos. Los sábados por la mañana se llena más, sobre todo si coincide con buen tiempo y turismo de fin de semana.
- Aparcar: el casco antiguo es peatonal. La mejor opción es dejar el coche en los parkings de la Alcazaba, la Plaza de la Marina o calle Tejón y Rodríguez, y caminar.
- Para combinar con otra visita: el recorrido encaja bien con un paseo por la Plaza de la Merced —retratada en la propia exposición— y la subida a la Alcazaba o a Gibralfaro, otros dos motivos centrales del bloque malagueño.
- Si llueve o aprieta el calor: el museo está climatizado y techado, así que funciona como plan de refugio para los días de levante fuerte o de lluvia primaveral.
- Tiempo recomendado: 45–60 minutos bastan para ver las 45 obras sin agobios. Quien quiera detenerse en los textos del catálogo y en los cuadros de gran formato puede estirar la visita hasta la hora y media.
Espacios y Luces no es una retrospectiva al uso ni una muestra exhaustiva: es una invitación a parar y mirar despacio en un centro de la ciudad acostumbrado a moverse a otro ritmo. Con entrada libre y abierta hasta julio, hay margen de sobra para encajarla en cualquier semana de mayo o junio.