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Historia de Málaga bajo el metro: hallazgos romanos y árabes

La historia de Málaga vista desde el metro: necrópolis romana, arrabal andalusí y curtiduría del XVIII bajo el túnel de la estación Guadalmedina.

Por Iván Romero · · 6 min de lectura
Historia de Málaga bajo el metro: hallazgos romanos y árabes

Las obras del metro de Málaga llevan dos décadas reescribiendo la historia de la ciudad. Cada vez que una excavadora abre un túnel bajo el Centro, el Perchel o la avenida de Andalucía, aparecen vestigios que ningún archivo había documentado: murallas almohades, casas musulmanas, hornos islámicos y enterramientos que se acumulan desde antes de Cristo hasta el siglo XIX. El suburbano no solo ha cambiado cómo se mueven los malagueños — está cambiando lo que se sabe sobre quiénes habitaron este suelo.

Qué ha desenterrado el metro de Málaga

Las excavaciones para los túneles han atravesado capas arqueológicas casi inéditas. Bajo Callejones del Perchel y la avenida de Andalucía afloraron los restos del arrabal de Attabanim, un barrio fuera de las murallas de la medina que en el siglo XI concentraba a comerciantes y artesanos. Las máquinas también dieron con una necrópolis romana de casi 700 enterramientos, una calle cristiana del Renacimiento y una curtiduría de piel de los siglos XVIII y XIX.

No se trata de un hallazgo aislado, sino de una cronología completa que se ha integrado dentro del propio túnel donde antes solo se preveía hormigón y vías. Buena parte de las piezas mejor conservadas formará parte de un espacio expositivo permanente junto a la estación Guadalmedina, en el primer nivel del túnel del metro.

La Málaga musulmana bajo el Perchel

La mayor parte de las piezas recuperadas corresponde a la Málaga islámica. En las excavaciones aparecieron viviendas de planta rectangular, estructuradas en torno a patios con cocinas y letrinas, además de calzadas empedradas. El hallazgo más significativo fue un tramo de la muralla almohade del arrabal de Attabanim, declarado Bien de Interés Cultural (BIC).

El arrabal era un barrio extramuros, fuera de la medina amurallada, donde se concentraban talleres y mercado. Sus dos líneas de muralla — interior y exterior — también salieron a la luz durante la obra. La presencia del BIC fue, de hecho, lo que motivó que la estación Guadalmedina se planteara precisamente sobre ese punto: aprovechar el emplazamiento en lugar de demolerlo.

Hoy se pueden ver in situ varios elementos integrados en el túnel:

  • Una calle completa del arrabal de los siglos XI y XII.
  • Un horno islámico de la misma época.
  • Restos de viviendas con sus patios y letrinas.
  • Dos lienzos de la muralla almohade.

La necrópolis romana de la avenida de Andalucía

El descubrimiento más reciente, y aún en estudio, es una necrópolis romana inédita con casi 700 enterramientos. Los arqueólogos los datan entre los siglos I y IV d.C., abarcando tanto el Alto como el Bajo Imperio. Hay tumbas sencillas y otras más elaboradas, y se han identificado varias tipologías que reflejan los cambios funerarios romanos a lo largo de tres siglos.

Los ejemplares mejor conservados se trasladarán al espacio expositivo cuando concluyan los trabajos de campo. Se trata de una de las necrópolis romanas más extensas localizadas en Málaga, una ciudad que fue municipio federado y luego de derecho latino bajo Roma — con su propia ley municipal, la Lex Flavia Malacitana, conservada y referencia para entender el funcionamiento de las ciudades romanas en Hispania.

Otras épocas en el mismo túnel

Junto a los restos romanos e islámicos también han aparecido capas posteriores:

  • Una calle cristiana de los siglos XVI y XVII, posterior a la conquista de los Reyes Católicos en 1487.
  • Varias tinajas y piletas de una curtiduría de piel de los siglos XVIII y XIX, testimonio de la Málaga preindustrial.

El espacio expositivo en la estación Guadalmedina

Todos estos vestigios se integrarán en un espacio expositivo permanente situado junto a la estación Guadalmedina, en el primer nivel del túnel. La idea original — aprovechar el emplazamiento por la presencia de las dos murallas del arrabal de Attabanim — se ha ampliado hasta convertirse en un pequeño museo de paso.

Historia de Málaga bajo el metro: hallazgos romanos y árabes

El recinto ya alberga buena parte de las piezas musulmanas y cristianas. Las romanas, las más recientes en aparecer, se sumarán cuando concluyan los estudios de campo. La estación está en pleno cruce entre el Centro Histórico y el Perchel, justo donde el río Guadalmedina marca la frontera urbanística desde hace siglos.

La historia previa: lo que ya sabíamos de la Málaga subterránea

Los hallazgos del metro no aparecen en el vacío. La Málaga fundada por los fenicios en el siglo VIII a.C. ya había dejado restos visibles en el sótano del Museo Picasso, en el Rectorado de la Universidad y en el Palacio de la Aduana, donde se conserva parte del antiguo puerto fenicio. Roma construyó encima — y de ahí el Teatro Romano a los pies de la Alcazaba, redescubierto en 1951 y hoy abierto al público.

La Málaga andalusí dejó la propia Alcazaba, el Castillo de Gibralfaro y los dos arrabales mencionados en las crónicas: El Perchel y la Victoria. Hasta la obra del metro, sin embargo, del arrabal de Attabanim solo había rastros documentales. Ahora hay calles, hornos y muros.

Lo que conviene saber antes de visitar el espacio

El acceso al espacio expositivo es por la estación Guadalmedina, que conecta el Centro con el Distrito Carretera de Cádiz a través de las líneas 1 y 2 del metro. Algunas claves prácticas para sacarle partido:

  • Cómo llegar: metro Línea 1 o Línea 2 directamente, o caminando desde la Alameda Principal (unos 5 minutos). En coche, los aparcamientos del Centro o de la propia Alameda son los más cercanos.
  • Mejor momento para ir: entre semana por la mañana hay menos afluencia que los fines de semana, cuando la estación recibe turistas y compras del cercano Mercado de Atarazanas.
  • Combina la visita: el espacio queda a tiro de piedra del Mercado de Atarazanas (puerta nazarí del siglo XIV), el Museo Carmen Thyssen y la Alcazaba. Una mañana puede cubrir cuatro escalas históricas distintas.
  • Si llueve: ventaja del subterráneo — todo el recorrido del metro y el espacio expositivo están bajo techo. Buena alternativa para los días de levante con chubascos en la costa.
  • Accesibilidad: las estaciones del metro de Málaga son accesibles con ascensores. El espacio expositivo, al estar en el primer nivel del túnel, comparte esa accesibilidad.
  • Después de la visita: la zona del Perchel ofrece bares tradicionales de pescaíto y tapas. El propio nombre del barrio viene de los percheles donde se secaba el pescado — la continuidad histórica sigue siendo palpable en su callejero.

La obra del metro ha sido para muchos malagueños sinónimo de retrasos y parones eternos. Sus arqueólogos, en cambio, llevan años trabajando en silencio en una de las excavaciones urbanas más extensas del sur peninsular. El resultado se podrá ver de forma permanente en plena red de transporte público, integrado entre andenes y vías.

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